IES La Foia: Búbal

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lunes, 4 de octubre de 2010

Búbal

Es inimaginable lo que trece días pueden dar de sí y, si no, que se lo pregunten a diez estudiantes de este nuestro centro, las cuales, gracias a sus buenas notas, obtuvieron una beca que les ofertaba casi dos semanas del verano en varios pueblos abandonados, situados en diversos puntos de España.
Casualmente, las 10 alumnas eligieron Búbal, un pueblo expropiado perteneciente a Huesca, en un valle, en pleno pirineo aragonés.

La beca implicaba ciertas obligaciones y responsabilidades, ya que, en primer lugar, es un programa de recuperación de pueblos abandonados. Sé que eso de obligaciones no suena del todo bien, y menos en vacaciones; sin embargo, la forma de restaurar dicho pueblo fue de una forma variada y entretenida, desde “tajos” como jardinería, animales, huerto, cocina, construcción, reciclaje, etc. Además, dichas actividades sólo ocupaban dos horas de la mañana y se realizaban en grupos. Las responsabilidades iban referidas a la hora de levantarse y acostarse, y ¡cómo no!, a la presencia en las actividades.
Así pues, a las alumnas no les sobraba tiempo para aburrirse, ya que después de los “tajos”, había algo de tiempo libre, aprovechando para almorzar (ya citado algo de comida, cabe añadir que se comía de lujo). Seguidamente había talleres de todo tipo y podías elegir al que querías asistir, uno de los más solicitados era el de bicicleta de montaña; también había talleres dirigidos a los cincuenta becados, como el taller de antropología, teatros, o asambleas.
En la primera parte de la tarde, unos días se bajaba al pantano donde podías realizar piragüismo, otros podías refrescarte en las pozas del pueblo, ya que el pueblo posee un río que pasa por sus barrancos, y bueno, otros días se realizaban atractivas y no costosas excursiones por los alrededores del pueblo.

El único fin de semana que tuvieron allí realizaron una acampada a una zona “próxima”. Lograron realizarse, superarse a sí mismos, ya que para llegar al punto de la acampada debían subir cerca de 1700 metros de altura, algo que no les pesó mucho, pues, después de todo, tenían un paisaje que lamentablemente nuestra ciudad, comarca y comunidad añoran.
Los becados tuvieron la gran oportunidad de no sólo ver, sino alucinar con la lluvia de estrellas a una gran altura sin una pequeña luz que tapara una gran parte del cielo.
Se les permitió hacer vivaque, es decir, dormir al raso, aunque sólo 2 chicas de los 50 becados aceptaron, pues el frió imponía demasiado. Los demás durmieron en tiendas de campaña montadas por ellos mismos. El domingo al despertarse algunos subieron al pico de Oturia, situado a 2000 metros de altura, los restantes prefirieron desmontar las tiendas.
Ha sido una experiencia, nueva, bonita, diferente, divertida... y con gente nueva de cualquier lugar, bien sea, claramente, de la Unión Europea, por lo que es un modo de conocer personas de tu misma o semejante edad, donde puedes encontrar costumbres y vocablos algo diferentes.
A penas se puede expresar los sentimientos de la gente del campamento en unas pocas líneas, seguro que nunca olvidarán esta experiencia y quedará guardada en su interior, pues la luz del valle, podéis creéroslo o no, pero... ¡tiene su efecto! Y, si no, que se lo pregunten a cualquiera de los presentes. Espero haberos animado a participar en actividades como estas porque merece la pena.
ESCRITO POR ANA MARÍA BAUTISTA(Alumna de 1º BACH)
Para más información sobre estas becas, haz clic en el siguiente enlace:
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